Mariano López Marín.
Cronista Oficial de Salvacañete y Moya (Cuenca).Coordinador del CENTRO DE ESTUDIOS DEL MARQUESADO DE MOYA.
A comienzos del siglo XVI, la mitad meridional de la diócesis de
Cuenca era un mosaico de jurisdicciones señoriales y reales.
Los tres grandes títulos de la región eran los marqueses de Villena, Moya y
Cañete. El propio rey tenía el señorío de algunos pueblos en calidad de
Maestre de la orden de Santiago. Además buen número de la nobleza menor poseía
entre uno y tres pueblos. Comunidades
de todas las jurisdicciones se rebelaron en 1520. El Marquesado de
Moya tenía entonces 32 poblaciones, en la frontera de Castilla con Aragón
y Valencia. En la actualidad Moya está desierta y toda esta comarca casi
despoblada., pero incluso a principios del siglo XVI esta zona tenía un
poblamiento escaso. Sin embargo la villa de Moya tenía su importancia
como plaza de frontera y como puerto seco, y la comarca abastecía a
la ciudad de Valencia de ganado, cereales y madera. Unos cuantos pueblos tenían
incluso manufacturas de lana
Villa
de Moya desde Santo Domingo de Moya. Castillo de Moya. M. López Marín
En noviembre del año
2007 presenté al III Congreso de Historia comarcal celebrado en Requena,
Camporrobles y Mira el trabajo “El
levantamiento de las COMUNIDADES DE MOYA. Apoyo de los comuneros de Requena y Mira. Consecuencias para las
aldeas moyanas.” .En el mismo hice un amplio
estudio de la rebelión comunera en el Marquesado de Moya entre 1520 y 1522 y las consecuencias que
tuvo para las aldeas del marquesado.
Hay un trabajo de Sara T Nalle, que
fue profesora del Departamento de Historia del William Paterson College.
Wayne,New Jersey,U.S.A que aborda ampliamente la rebelión comunera en el
Marquesado entre 1520 y 1521. Hace mención a las grandes obras que tratan la
rebelión comunera en Castilla. Insiste en que la descripción
general de esta rebeliones rurales aparece en la obra Las
comunidades como movimiento antiseñorial de J. J. Gutiérrez
Nieto en el que estudia en toda Castilla el papel de estas revoluciones ,
aportando nuevos datos y corrigiendo a la interpretación que había hecho
José Antonio Maravall de las comunidades como revolución exclusivamente urbana.
Nos dice Sara T Nalle
que para los rebeldes de Moya la sublevación nacional de 1520 era
una oportunidad de revivir su centenaria lucha por el retorno a la
jurisdicción regia. Durante la Edad Media Moya y su Marquesado habían
permanecido a la corona de Castilla y habían recibido privilegios
que garantizaban su derecho a permanecer en ella. La villa presumía que durante
un corto periodo de tiempo, durante el siglo XIV, llegó a estar
representada en las cortes de Castilla. En el caso concreto de Salvacañete el
famoso pinar del rento de Tórmeda gozó de privilegios reales en el siglo XIV,
de los cuales nos informa la colección Abella de la Real Academia de
la Historia. En el legajo 1º “Privilegio del rey D. Alfonso para
que la villa no pagase al Marqués cosa alguna por la tala y corta
del pinar de Tórmeda que consumió. Librado en Alcalá de
Henares año de 1383”
Legajo 1º” Merced
que hizo el rey D. Juan a la villa para que no pagase cosa alguna
por la tala del pinar de Tórmeda. Dado en Madrid en 1382”. Pero
la estratégica situación fronteriza de Moya convertía a la villa y
a todo el Marquesado en un valioso regalo que la corona podía usar para
recompensar servicios prestados. Así ocurrió, y en 1475 Moya cayó en las manos
ávidas de Andrés de Cabrera y Beatriz de Bobadilla. Fernando e
Isabel, los Reyes Católicos, enajenaron definitivamente el territorio
moyano otorgando a D. Andrés de Cabrera el título de Marqués, lo que le
permitía incorporar la comarca a su mayorazgo y disponer de alcabalas,
portazgo, tasas y justicia. La respuesta de Moya fue
la rebelión. En 1483 el pueblo de Moya se levantó contra Beatriz de
Bobadilla, pero el tumulto se sofocó rápidamente.
Además de la
inestabilidad política por la concesión del título de Marquesado, dos
asuntos económicos causaban malestar en la población de esta zona
del recién creado Marquesado de Moya a comienzos del siglo XVI; la escasez
de tierras de labranza y pastos, y el comercio con
Valencia. La falta generalizada de tierras era consecuencia del rápido
crecimiento demográfico. El pueblo de Landete, por ejemplo, parece haber pasado
de 50 a 100 vecinos en el corto espacio de tiempo de 40
años.Desde luego, los campos
de la región no eran tan fértiles como para sostener tan rápido crecimiento. En
el término de Cardenete los suelos eran tan pobres que sólo podían
cultivarse cada cuatro años, y en algunos lugares cada veinte. Hacia 1500 Cardenete
contrató la dehesa de Yémeda que pertenecía al término de la ciudad
de Cuenca. Así consiguieron una buena fuente de alimento en posterior
pleito con Cuenca el concejo de Cardenete argumentó que esa tierra era
muy necesaria para su localidad y que eran sólo cinco familias las
que ocupaban las tierras, con dos viudas cabezas de familia que no podían
trabajar sus posesiones.
El problema del
comercio con Valencia era más complicado. Al sur de Moya se encontraba la villa
de Requena, uno de los principales pasos fronterizos entre los reinos de
Valencia y Castilla. Junto con las cercanas Utiel e Iniesta,
Requena era una de las villas que habían vuelto al realengo en el siglo
XV. La economía de Requena dependía tanto de sus propias
producciones de trigo, madera, paños y ganado como de las
mercancías que pasaban por la villa para el mercado valenciano. Cuando la corona de
Castilla otorgó al Marqués de Moya el derecho de portazgo y de
exportación de productos locales, Moya se convirtió en una indeseada
competidora para el comercio de Requena. Ambas circunstancias – deseos de
libertad de los moyanos y la tensión política entre Moya y Requena
– jugaron un papel en la rebelión y siguieron actuando después de la
desaparición de las Comunidades. Y eso explica también el apoyo de la
villa de Requena, al igual que lo hicieran La Motilla e Iniesta a los
rebeldes de la comunidad de Moya y los fuertes lazos que existieron entre
los comuneros de estas cuatro villas.
La rebelión comunera se inició en Cuenca en julio de 1520 cuando la
Comunidad de Cuenca se rebeló contra el corregidor real. La rebelión se
inició en el sudoeste de la provincia, lindante con Toledo ciudad
comunera por excelencia, y se dirigirá hasta el este, alcanzando Moya a
principios de octubre y Requena en Noviembre. La rebelión de Moya comenzó
un día de octubre de 1520 y sorprendió al Marqués Juan Fernández de Bobadilla,
enfermo en su palacio de Cardenete, pueblo que en estos
días se convertía en la segunda capital del marquesado. La villa de Moya
y aldeas sin identificar participaron en la
creciente y triunfante sublevación. Al principio, Cardenete fue leal al marqués
pero cuando la noche del 30 al 31 de octubre tres mil
hombres armados llegaron a la población, esta localidad traicionó a su
señor. El marqués se vio obligado a huir al castillo de la cercana Víllora
con su mujer e hija. Los rebeldes saquearon el palacio de Cardenete y se
llevaron tapices, joyas, oro plata, etc. y le persiguieron a Víllora,
causándole más pérdidas y sobre todo agraviándolo.Desde Víllora, y para poner
a su familia a salvo Cabrera se dirigió a Solera, población señorial fuera del
marquesado, pero en estos trances siguió perdiendo bienes y hombres,
entre ellos dos sobrinos. Aunque la rebelión
comenzó y prosiguió en la villa de Moya, el marqués acabaría por
reservarse una venganza para la infiel Cardenete.
Poco a poco los rebeldes moyanos fueron consiguiendo aliados. Hacia finales de
octubre de 1520 el concejo de Cuenca tuvo que ordenar a los lugares
del marquesado de Villena que no fuesen en auxilio de los comuneros de
Moya. A lo largo de toda la
revuelta comunera el mensaje y el mandato que dieron el gobierno de
la ciudad de Cuenca y el gobierno real fue que las comunidades
lindantes con el territorio moyano no secundasen a los comuneros. En
Noviembre de 1520 la villa de Requena, que era la más importante de la
región, se rebeló. Tomaron el control de su fortaleza, se
aprovisionaron de trigo y municiones y enviaron un procurador a la Junta,
la cual les ordenó extender la rebelión más allá de su distrito. El gobierno real
montó una contraofensiva. El cronista Santa Cruz menciona dos batallas en
noviembre en Carboneras, la segunda de las cuales el día 14, habría terminado
con toda la residencia del marquesado. El hecho tuvo lugar en Carboneras, pero
la rebelión distaba de acabar. La regencia encomendó la
recuperación de Moya a don Jorge Ruiz de Alarcón, señor de Valverde de
Júcar y de la villa y castillo de las Veguillas de las Truchas, la
Torrefuerte o Torrefuerte., esta última lindante con Moya, en término de
Salvacañete. Este hecho está documentado en los siguientes términos:
Así nos habla un texto
clásico en la historia de Moya de D. Juan Cabrera, Segundo
Marqués de Moya. ”
Sucedió D. Juan a sus padres en el Marquesado de Moya en el año 1511. Fue
caballero de la orden de Santiago y muy parecido a sus progenitores en las
virtudes. Hácese mucha memoria de él en las Crónicas del Señor Emperador,
refiriendo la fineza con que obró en las reboluciones del Reino y
en sosegar los tumultos de Valencia que llamaron Germanía asistiendo con sus
personas y gente que levantó a su costa y con sus criados y vasallos a
Diego Hurtado de Mendoza, conde de Melito, Virrey de aquel Reino, que
administró con gran valor e industria aquella guerra. No le dieron menos
en qué entender sus vasallos de Moya, que habiendo faltado los
Reyes Católicos que mantenían con su autoridad la merced que hicieron a sus
padres: y hallando buen ocasión en las revoluciones de Valencia y
Castilla procuraron sacudir el yugo del nuevo Señorío pretendiendo que no
podían haber sido enagenados, y llegaron a tomar las armas contra el
Marqués con tanta osadía que les arrojaron fuera de Moya y se apoderaron de su
fortaleza, salvando con gran riesgo su persona y familia rompiendo por en medio
de los amotinados que se le opusieron al paso cerca de Fuentelespino a
donde tuvo con ellos un fuerte reencuentro, en que murieron muchos de una
parte y de otra y apenas pudo recobrarse en Cardenete, en cuya
memoria conserva hasta hoy aquel sitio el nombre de Cañada de la Matanza.
Continuaron su insolencia los amotinados, cometiendo robos, muertes y
otras violencias, como gente desenfrenada, que habían perdido el
respeto a Dios y a la justicio. Pero el marqués juntando los socorros que pudo
de amigos y deudos, y asistido por orden particular del Señor Emperador,
de Jorge Ruiz de Alarcón, señor de Valverde
que le acudió con su gente de armas, se volvió a restituir lo que era suyo,
cobrando la fortaleza y todo lo demás del estado y haciendo justicia en
los principales movedores de aquella rebelión y por mandato de los
Gobernadores del Reino y del Supremo Consejo, fueron muchos condenados
a muerte y perdimientos de bienes aplicados a la Cámara del
marqués de quien le pusieron en posesión inmediatamente: en que se
portó con tanta humanidad y clemencia que viendo su estado en
la quietud que deseaba perdonó a todos los ausentes y restituyó
los propios y bienes a los Concejos y particulares sin
reservar en sí cosa alguna, como consta en la Escritura de perdón general que
otorgó juntamente con su hija y yerno en la villa de Moya en 20 de
agosto de 1525..”
 |
| Castillo de Torrefuerte (Salvacañete) desde donde acudió D. Jorge Ruiz de Alarcón, Señor de las Veguillas (Torrefuerte) y de Valverde, a socorrer al Marqués de Moya en la rebelión comunera en 1520.Ambos eran señores de frontera.Fotografia Castor Barrera Marín. |
Pero
¿cómo actuó el Concejo de Utiel con respecto a
apoyar a las Comunidades de Moya? D. Miguel
Ballesteros Viana, primer e insigne Cronista
de Utiel, nos ilustra al respecto en su famosa Historia de Utiel
Apenas iniciadas
en Castilla las Comunidades, se apresuró
el Marqués a escribir a los Concejos de Requena y Utiel, dándoles cuenta no muy
veraz de su organización y fines que perseguían los comuneros; manifestando,
además, la confianza que tenía en las dos poblaciones para que no diesen ayuda
alguna a los sublevados. Por ello les prometía
emplear su mediación con los altos empleados del reino, a quienes recomendaría
su gran lealtad para que fuese premiada debidamente: no faltó el Marqués a sus
compromisos, y ofició al Condestable y Cardenal apenas obtuvo una respuesta
satisfactoria: especialmente de Utiel que le juró” estar solo al servicio de sus altezas, dispuesto a defender como siempre la fidelidad real.”
Obedecía la súplica del
Marqués a los temores que abrigaba sobre
la actitud en que se colocarían los pueblos de su señorío, los cuales no
tardaron en demostrar a su dueño el poco aprecio en que tenían su autoridad.
Pero el sucesor de D. Andrés de Cabrera, D. Juan de Cabrera Bobadilla, no sólo deseaba la confianza o por
lo menos la neutralidad de requenenses y
utielanos, si no que pretendía contar con su apoyo en caso que fuese necesario. Esos deseos no
pudo verlos cumplidos
La villa de Utiel en el
turbulento periodo de las Comunidades no tuvo comunidad alguna que sea conocida,
pero su Concejo para mejor proveer procuró mantenerse neutral, pero dentro de
una neutralidad parcial, si se nos
permite la frase, sosteniendo correspondencia
y aun relaciones con la comunidad de Moya, respondiendo con
ofrecimientos a la hermandad y comunidad
de Iniesta, y haciendo por otro lado protestas de su lealtad ante el
ilustre y muy magnífico señor D. Juan de
Cabrera. La villa guardó la fidelidad real lo mismo que los comuneros: no dio
favor a estos, y respetó los consejos
del Marqués de Moya con gran disgusto de su comunidad.
Cómo hemos visto en
páginas anteriores estando los Marqueses
de Moya en su castillo palacio de
Cardenete, y pretendiendo por
medio de cartas y recados sujetar a los moradores de sus bastos dominios para
que no se reuniesen en comunidad, muchos de estos vasallos
se juntaron con los sublevados y obligaron a sus señores a
trasladarse a Víllora. Allí penetraron
en la casa que tenían los marqueses, haciendo un gran saqueo de sedas,
brocados, tapices y otras cosas de valor, dirigiéndose luego a la cabeza del
señorío, .Moya fue entonces cercada por
los comuneros y los vecinos se hicieron fuertes, no consintiendo la entrada a
los sitiadores. En tal estado pidieron ayuda a los vecindarios de Requena
Utiel, y salieron de estos dos pueblos buen número de vecinos armados,
que dieron vista a los viejos muros de la encumbrada villa, en ocasión de ondear ya en sus almenas el pendón de la comunidad.
Apenas llegaron al poblado les obligaron a contramarchar so pena de azotes
esto respecto a los vecinos de Utiel. No sabemos si con los vecinos de Requena
seguirían igual conducta puesto que algunos de Requena sí que apoyaron la
rebelión comunera. Los marqueses de Moya
se retiraron a Enguídanos .desde donde
escribieron a Utiel, dando cuenta de los escándalos habidos en sus
tierras.
El enfado de los de Utiel
por haber sido recibidos en Moya tan descortésmente,
se manifestó reteniendo algunas acémilas que procedían de aquella villa. Sabían
los de su Comunidad que Utiel sostenía
correspondencia con el marqués y bastó
sólo esto para considerar a sus vecinos caso como enemigos. Así en la carta que
enviaron a Utiel el 8 de noviembre de 1520, se leen estas sentidas frases “esta Villa y comunidad escribió a la de
Requena y a esa Villa y a otras nos
ayudasen y favoreciesen porque este patrimonio real no fuese apartado de su real servicio y las otras villas teniendo el
celo y voluntad que tienen al servicio de sus católicas majestades nos han
socorrido y favorecido como personas que han visto la gran justicia que
tenemos y esa villa no tan solamente no ha querido favorecernos tiempo hace mostrándose contra esta comunidad aun ciertas personas han dado favor y ayuda a D Juna de Cabrera en todo lo que han podido,
viniendo en persona a ayudarle hasta algunos sacerdotes de esa villa…que bien
teníamos creído que habiendo tan buena vecindad com ha habido entre estas villas
,más habíamos de ser de vosotros socorridos que no enojados, y porque queremos
ver si para adelante había más lugar y
más razón para ello, acordamos ora vez de pediros por merced que porque lo pasado se suelde nos mandéis la
más gente que pudieseis en nuestro favor
,que aquí se les darían todos los mantenimientos que fueren menester y ni
consintáis que en esa villa haya personas que vayan contra el servicio de sus
majestades ni contra su patrimonio real” Según nos cuenta D. Miguel
Ballesteros Viana la respuesta que dio el Concejo de Utiel a la Comunidad de Moya fue bastante oportuna
y de la cual hemos entresacado estas frases: ”Utiel ha favorecido y favorece a esa villa, ampara sus vecinos e
intereses, está en paz y sosiego con
sus católicas majestades y no ha
acordado ni tiene movimientos ni
levantamientos que otros pueblso han
tenido, ni aquí hay comunidad ,salvo estar al servicio de sus altezas,
guardando fidelidad y lealtad que siempre ha tenido y tiene a la Corona Real. Y
en la carta que nos enviasteis, su alteza no nos manda dar favor, más de que no seamos en prender ni
matar ni herir ni hacer otro mal a esa villa ni a su tierra ni vecinos de ella, y no se hallará que por
mandato de la villa ni con su voluntad, haya ido ninguna persona a favorecer ni
llevar armas a su señoría el marqués, y si algún sacerdote ha ido, no era por
nosotros que era criado de su señoría y
sobre él la villa no tiene jurisdicción…y a lo que decís que enviemos la gente
que pudiésemos os decimos que esta villa
no tiene voluntad de ponerse en contra de ninguna persona sin mandato de sus majestades porque
esta villa no tiene casi Comunidad. Y pues lo dicho, no teníais necesidad de
enviar a pedir gente pues que los que allá iban en vuestro favor, los
mandasteis salir tan deshonestamente.”
La participación que
tuvo Utiel en la revuelta de las Comunidades fue casi nula. Y la actitud que hubo de adoptar con los comuneros de
Moya fue adecuada a la filosofía del
Concejo utielano que era mantener en
paz a la población y ser fieles y leales
al rey. En septiembre de 1521 y comienzos del año siguiente, Alonso de
Montalbán estuvo practicando algunas diligencias en las villas de Requena y Utiel sobre los
sucesos de Moya y el levantamiento comunero en la villa y su tierra. Y sólo
resultó implicado en ellos el mesonero
Beniarrés, vecino de la villa.
Los comuneros moyanos como los de Iniesta,
Requena y Mira se señalaron en aquel levantamiento- como dice Lafuente- más en
justicia fundado, con más valor sostenido y última protesta armada de la
libertad contra la opresión. Desde entonces
las Cortes quedan reducidas a una mera
fórmula y no serán ya llamadas
sino a votar un impuesto.
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| Mapa del Marquesado de Moya a finales del siglo XVIII.Elaborado por D. Rafael Merino Gallo en la villa de Moya para el Diccionario Geográfico de Tomas López.Ms 7298 BN |
Espero que este
nuevo trabajo de las relaciones entre Moya y su Marquesado y la villa de Utiel
os haya resultado interesante. Espero haber aportado un nuevo grano de arena
para conocer las intensas relaciones de todo tipo entre Moya y su Marquesado y la villa de
Utiel, zonas ambas de frontera con muchas cosas en común. Se ama lo que se
conoce.
En el caso de Salvacañete el Conde de la Concepción
aparece mencionado en algunos documentos como dueño de tierras en nuestro
término. Entre esos documentos destaca
el censo del Marqués de Ensenada de 1753, mencionándolo como
“..........al antiguo conde...” AHPC. Microfilm 30-31.Libro 93, ff 1-67 Sec:
Sign. “Al primitivo Conde. empréstito de 72 fanegas, 10 celemines y 2
cuartillos por quinquenio”. No se pagaban arbitrios (impuestos) municipales.
Este antiguo conde de Salvacañete era el Conde de la Concepción D .Juan LLopis,
vecino de Valencia, dueño en nuestro
pueblo de varios rentos, entre ellos el de Tórmeda.
BALLESTEROS VIANA,M.-“Historia de la muy leal, muy noble y fidelísima villa
de Utiel” 3º edición. M.I Ayto de Utiel, .Gráficas Llogodí,
Utiel 1988.Págs 213-219.